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EL PROCESO DEL CULTIVO DE LAS ROSAS

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Los rosales necesitan una tierra profundamente labrada (80 cm), friable y que contenga una cierta cantidad de cal, que este bien abonada (a ser posible con estiércol de vaca) y con un razonable bajo nivel de agua en invierno (preferiblemente a una profundidad de al menos 1 metro). Además, es recomendable abonar la tierra en invierno con estiércol de vaca que a su vez servirá como protección contra las heladas. A finales de la primavera, es conveniente añadir un poco de harina de sangre para estimular una segunda floración. Si piensa crear una nueva rosaleda en un sitio donde ya hayan sido cultivadas rosas antes, conviene quitar la tierra hasta una profundidad de 60 – 80 cm. Esto saldrá caro, pero es efectivo contrarrestar una enfermedad de las rosas causadas por anguílulas. Si fuera imposible renovar la tierra, plante en su lugar, por un año o dos, maravillas africanas; cave profundamente y abone. Las maravillas africanas segregan una sustancia que destruye las anguílulas.

 
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